A raíz de la nota que escribí sobre ser freelance, varios me preguntaron cómo manejar los momentos de duda, y sobre todo cómo me animé a hacer el cambio. A modo de compilado de respuestas, van mis cuatro consejos para animarse a ser freelance.

Empezar por hacer algo (¡cualquier cosa!)

Lo primero que aconsejo es que hagan algo, cualquier paso en la dirección que buscan, por más pequeño que sea. Tendemos a creer que se requiere motivación para la acción. Por el contrario, la acción es muchas veces la fuente de motivación, lo que a su vez genera más acción generando un círculo virtuoso.

Aunque aún no tengan en claro bien qué van a hacer, cómo se va a configurar su vida freelance, y aunque sigan trabajando en relación de dependencia. Empezar a hacer genera energía en la dirección correcta, y sinceramente si uno espera tener la certeza absoluta, o todo perfectamente planificado, se queda en la inacción.

Una cosa importante que me guió en ese proceso fue tener un norte claro, pero no en forma de idea fija, ni siquiera de objetivos concretos, sino más bien de una serie de sensaciones y deseos que me senté a escribir respecto de cómo quería que fueran mis días. Ese ejercicio de imaginarme cómo quería que fuera mi rutina, y qué tipo de variedad de actividades me interesaba tener, fue súper útil para ir buscando el tipo de clientes que me interesaban, pero lo suficientemente flexible como para que pudiera aprovechar las oportunidades que se me fueron presentando.

Amigarse con la Incertidumbre

Cuando arranqué a trabajar por mi cuenta tenía apenas tres clientes y muchas ganas de ir para adelante. Lo hice sin saber bien cómo me iban a cerrar los números. La seguridad, que es una idea siempre falsa, te ata a algo que no te libera la energía para lo nuevo, nos aferramos a lo conocido y dejamos de aprovechar las oportunidades de lo que puede ser. Yo confié en que iba a soltar la relación de dependencia, y que eso me iba a liberar la energía para poner en marcha mi proyecto. Me enfoque en hacer crecer mi cartera de clientes, a pesar de las mil dudas de si podía lograrlo o no, de cómo iba a pagar las cuentas, etc. Tomé las dudas, y las usé de energía para avanzar, no de razón para quedarme quieta.

Quizás sea este acto de amigarse con la incertidumbre el más importante para dar el salto a ser freelance. Simplemente empezar a hacer y dejar que ese mismo hacer sea el que defina el scope de tus servicios como freelance, el tipo de clientes, etc. No esperar a tener eso definido para arrancar, al revés, arrancar e ir definiendo eso en el camino.

Hace casi un año que estoy trabajando freelance y recién ahora me voy a sentar a escribir cuáles son los servicios que quiero ofrecer. Y estoy segura que el año que viene probablemente cambien porque todo se configura como un proceso continuo, que voy construyendo y reconstruyendo. Y sí hay muchos momentos de dudas pero uno se va acostumbrando a transitarlos como parte de la vida y no como una crisis. Creo que ahí hay una clave muy importante también: no ver la incertidumbre como algo extraordinario, sino como parte del combo.

Apagar la mirada ajena

Esto es válido para todos los aspectos de la vida, pero para arrancar a configurar tu vida laboral por afuera del sistema conocido por todos, creo que es vital. Dejar de escuchar las voces ajenas lo más posible, nos ayuda a entender mejor qué es lo que nosotros queremos, y a buscar ese camino hacia estar cómodo con las propias decisiones. Si uno suma las dudas ajenas, a la propia incertidumbre, es posible que nos paralice el miedo.

Si los demás no entienden, ¡que no entiendan!

Redefinir cómo medís el éxito

Una parte muy importante de poder vivir con incertidumbre, y poder apagar la mirada ajena es redefinir la medida del éxito. Y no hablo de bajar estándares en medir cuánto dinero ingresa, o cuánto vale mi hora de trabajo. Si no realmente buscar otro tipo de variables y conceptos para medir el éxito.

Mi motivación principal para ser freelance es privilegiar mi calidad de vida. No vivir encerrada en una oficina, poder tener actividades variadas y tener flexibilidad de horarios entre otras cuestiones. Y para mi este tema de redefinir el éxito no fue menor, si no central en la motivación hacia el cambio. Medir resultados obtenidos (un título, un aumento de sueldo, un ascenso, etc.) no me parecía una buena manera de estar evaluando mi vida. Por el contrario, creo que tener ese tipo de medidas del éxito tan acotadas y acabadas nos limita, ya que una vez que la alcanzaste, listo, no te sirve más.

En cambio, empecé a ponerme objetivos que son de mejor continua, por llamarlos de alguna manera. Objetivos como ser honesta en todas mis relaciones (laborales y no laborales), crecer en mi capacidad de generar estrategias, poder poner en práctica mi vocación docente, o hacer sinergia entre mi veta artística (fotografía) y mi mirada de negocios y marketing. Este tipo de objetivos me permiten trabajar constantemente en ellos, y tener una medida de cuánto mejoré, pero también de cuánto puedo aún avanzar. Eso, aunque parezca contra intuitivo, es uno de los motivadores más grandes que puedo tener.

Para cerrar, los dejo con una idea, problemas vamos a tener siempre, en cualquier cosa que hagamos. Se trata entonces, de elegir mejores problemas, elegir problemas que nos guste tener que resolver. Y hacerlo poniendo foco en diseñar una calidad de vida, de acuerdo a lo que sea que eso signifique para cada uno.

Publicado en trabajocomoquiero.staples.com.ar

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